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UN DUELO DE TODOS

EL DOLOR DE HACER HISTORIA EN MEDIO DEL CAOS

Este ha sido un año particularmente complicado. Apenas finalizando el primer trimestre, tuvimos que adaptarnos a muchos cambios y retos que vulneraron nuestra rutina, hábitos, costumbres, trabajo, estudio y economía; entre muchos más. Por si fuera poco, la situación no terminó pronto, sino que se prolongó indefinidamente, de tal modo que, al día de hoy, seguimos padeciendo los estragos que provoca; cada vez más voraces y definitivos.

El año está a punto de terminar y es inevitable pensar profundamente, con un sentido aire de melancolía, en todo lo que estos meses —que pasaron de forma arrolladora— han significado en nuestras vidas; cómo ha cambiado el panorama, la convivencia y la propia realidad. No somos más los que iniciaron este 2020 con una lista de firmes propósitos y deseos que, claro está decirlo, tuvieron que transformarse en otros completamente distintos.

Nuestro colegio ha sido testigo, como siempre, de muchas historias. Pero esta vez, alrededor de una misma situación que nos trajo temor y riesgo, que anuló los festivales de primavera, la convivencia del Día de Muertos y los festejos de Navidad. Extrañamos cada día, desde marzo, los ecos juveniles de nuestros adolescentes, las risas traviesas de nuestros pequeños y los pasos apresurados de nuestros maestros mirando el reloj. Resentimos profundamente — a veces hasta las lágrimas— ver vacía y callada nuestra escuela en fechas que solían llenarse de gritos alegres, risas, colores, cantos, juegos y postales familiares.

Por si fuera poco, la vida continuó con sus propias dificultades, sin ceder ante las que ya nos había dejado este virus mundial que ha cobrado, realmente, la vida de todos.

Para nosotros, ante tantos cambios y situaciones difíciles, se ha mantenido como prioridad lo esencial: nuestra gente. Los muchos colaboradores, alumnos, docentes, directivos y cada miembro del personal y de la familia Compostela son quienes dan vida a esta institución, y no podemos callar ante la realidad particular de cada uno de ellos. Hoy pasan a un plano menos relevante las palabras elocuentes y políticamente correctas, los discursos institucionales y los comunicados oficiales. Hoy todos somos —sin posición o distincíón — humanos de carne y hueso, llenos de sentimientos y emociones que, ante tanto y después de tanto, tendrán que encontrar también su propia salud. Que merecen un espacio y reconocimiento para no seguir haciendo eco en la oscuridad; para no tener que ocultarles detrás de una sonrisa o un saludo cordial pronunciado en un ambiente de formalidad.

Nuestra salud ha sido vulnerada, y lo ha sido, también, nuestra paz. En los últimos meses hemos recibido las noticias más lamentables que en mucho tiempo jamás se habían acumulado así: múltiples dificultades económicas, enfermedad, separación, desesperación y muerte.

Desafortunadamente, muchos miembros y exintegrantes de esta gran comunidad han perdido padres, hermanos, amigos y familiares a causa del Covid 19; y, por si fuera poco, recientemente, también debido a otras enfermedades y afecciones.

Es por ello que, haciendo a un lado toda frivolidad, queremos expresar, con sumo respeto, nuestras más sinceras condolencias a todos y cada uno de ellos. A nuestros alumnos, que hemos visto crecer a lo largo de estos años, que tanto esfuerzo han puesto por seguir aprendiendo y desarrollándose en medio del caos, que han dado muestra de fortaleza y adaptación al cambio y que hoy lidian con una nueva y pesada dificultad. A nuestros compañeros de equipo que, sin dejar de trabajar arduamente y esforzarse todos los días desde su trinchera, cargan con el dolor de ver enfermos a sus familiares y amigos, y que también han sufrido con ello pérdidas irreparables. A todos los familiares y amigos de nuestros alumnos y compañeros que se enfrentan al dolor de haber tenido que sepultar un ser amado en condiciones tan distintas a las habituales, con un número reducido de acompañantes, con la pena y el cuidado estrechamente unidos.

Este duelo es de todos y lo padecemos todos en un solo corazón. No encontramos otro modo de presentar nuestros respetos, que por medio de estas palabras a las que se suma cada miembro de nuestro equipo, lamentando profundamente que, en tiempos tan duros, nuestra propia seguridad y el cuidarnos unos a otros nos impida estrecharnos las manos y compartir la tranquilidad de un abrazo cálido.

Fechas especiales están por venir y con muy alta probabilidad las viviremos “sin largas mesas y con amargas ausencias”, pero, seguramente, con un corazón fortalecido en medio de la prueba y la dificultad; un corazón que no pierde la esperanza y que, por los que quedamos y por la inevitable fe en un mundo mejor, saldrá adelante con la resiliencia de siempre.

Continuaremos de frente con la cara puesta al sol, abrazando cada uno su credo particular en feliz memoria de los que se han ido, adelantándose a una vida que siempre nos inspira esperanza.

Dedicaremos cada día de trabajo, cada hora de estudio, cada esfuerzo, cada sonrisa y cada logro a los que han partido, pero que fueron, son y serán siempre nuestros. Se han quedado aquí; han dejado impregnado su recuerdo siempre vivo en cada espacio de este lugar; han dejado su huella en los que les amaron y les aman ahora un tanto más, en los que continúan entre nosotros enriqueciéndonos con su noble corazón. En ellos también vivirá, para nosotros, la remembranza de su saludo, su sonrisa y su siempre leal pertenencia.

A nuestra familia Compostela,

un cálido abrazo.

A nuestros queridos difuntos,

que descansen en paz.

Texto de: Karla Montero

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